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 25/12/2015 - Cómo prevenir y tratar el acné Volver atrás

Con una prevalencia que oscila entre el 70% y 90% de toda la población y supone el 25% de las consultas del dermatólogo y el 20% de las del médico de familia, el acné suscita también un alto porcentaje de las consultas en los centros estéticos. ¿Cómo tratar esta alteración? Veámoslo a continuación.

El acné es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que supone una mayor activación de las glándulas sebáceas. Puede aparecer a cualquier edad pero hay picos de incidencia en la adolescencia. Entre el 80% y 90% de todos los adolescentes tienen al menos alguna lesión en un momento dado, siendo más frecuente en el caso de los chicos, probablemente por la asociación con los niveles de estrógenos (testosterona). En la edad adulta, sin embargo, el acné es más común en las mujeres, en particular la semana antes de la menstruación y al inicio de la menopausia, debido a los aumentos en los niveles de progesterona, la cual tiene efectos andrógenos y, por lo tanto, éstos hacen que aumenten las lesiones de acné. Al ser una afección propia de los más jóvenes es una de las que tiene más repercusión a nivel psicológico. El origen de la aparición del acné se debe a la hipersecreción sebácea. Cada tipo de piel viene determinado por la cantidad de sebo que producen las glándulas sebáceas y puede variar según el individuo, siendo el sebo una grasa fluida que contiene un 96% de lípidos. El canal pilosebáceo excreta este líquido y el poro lo conduce a la dermis, desempeñando un papel muy importante de protección. En el caso de las pieles grasas, se produce un aumento de la hipersecreción sebácea obstruyendo el poro folicular junto con una alteración de la queratinización convirtiéndose en una zona de colonización de la bacteria que causa el acné llamada “propionibacterium acné”.

Zonas con mayor concentración de acné
Las lesiones acneicas se desarrollan en las áreas de mayor concentración de las glándulas sebáceas, como son la cara, el cuello, el pecho y la espalda. La localización y la extensión en cada individuo y el diagnóstico de su gravedad se basan fundamentalmente en el examen físico para considerar la intensidad y la extensión, por lo tanto, dependerá directamente de la persona que lo observe y diagnostique. Esta examinación es muy importante ya que de ello dependerá el tratamiento elegido en base a la gravedad del problema y , por consiguiente, requiere conocer y tratar el acné de forma adecuada y personalizada. La herramienta de medición más común para el acné es un sistema que se clasifica de acuerdo con la gravedad de las lesiones:

Grado 1. Acné leve: es el más común y se caracteriza por la presencia de comedones, leves inflamaciones y puntos negros y blancos, principalmente localizados en nariz, frente y mentón.

Grado 2. Acné moderado: presenta cierta inflamación y algunas pústulas (acné menopáusico).

Grado 3. Acné moderado a severo: se caracteriza por grandes nódulos y pústulas con inflamación (acné rosácea).

Grado 4. Acné severo: muestra grandes nódulos, quistes y cicatrices, y presenta las lesiones más graves (pioderma facial, acné quístico, acné fulminante).

Factores que influyen en su aparición
Como hemos mencionado anteriormente, el factor hormonal está relacionado principalmente con el acné. Los factores ambientales también desempeñan un papel importante. Nuestra piel está expuesta continuamente a los cambios climáticos (temperaturas extremas o exposiciones prolongadas al sol) que pueden empeorar la dermis. Asimismo, puede verse afectada por lugares de trabajo donde se pueda tener contacto con grasa, como talleres de automóvil o restaurantes de comida rápida. En cuanto a los factores cosméticos, es importante tener una correcta información de su composición ya que la grasa de muchos de ellos puede obstruir y asfixiar la piel. Se recomienda siempre la utilización de productos específicos de marcas reconocidas. Entre algunas de las sustancias que funcionan como antigrano podemos encontrar el ácido glicólico, ácido retinoico, ácido salicílico, sulfato de zinc o aceite del árbol del té.

En la edad adulta pueden aparecer también afecciones en la piel que se asemejan al acné como reacción ante el uso de medicamentos, como las píldoras anticonceptivas, la cortisona, los esteroides anabólicos o algunos medicamentos para tratar el cáncer. El estrés y los factores emocionales también favorecen la aparición de acné. Las glándulas sebáceas y el sistema nervioso tienen una relación muy importante y hacen que la ansiedad, la emotividad o un trauma psíquico se acompañen de una seborrea nerviosa.

Por último, y no menos importante, la alimentación. La mala digestión de algunos alimentos propicia la aparición del acné y se ha asociado el aumento de acné con una ingesta calórica alta que produce una mayor activación de las glándulas sebáceas. Una de las consultas más generalizada entre nuestros clientes es si el consumo de chocolate produce acné. No hay evidencias científicas que muestren que su consumo produzca un agravamiento del acné, pero siempre es aconsejable llevar una dieta equilibrada empleando el sentido común, sin restringir el consumo de ningún tipo de alimento.

Consejos y mitos
Es importante realizar una limpieza diaria correcta para evitar la irritación, con un jabón suave libre de aceites (a poder ser de marcas reconocidas) y secando sin friccionar. No hay que olvidar la correcta higiene del pelo. El uso de crema en el cabello puede conectar la unidad pilosebácea si la crema entra en contacto con la piel y favorecer el desarrollo del acné. Tampoco se debe exponer la piel a tratamientos agresivos ni obsesionarse con la higiene, ya que el acné no está causado por una piel sucia. Lavar la piel con vigor o agresivamente no tiene justificación (contrariamente, podría causar más inflamación e inducir a su progresión). Actualmente, las industrias cosméticas y farmacéuticas nos proveen de eficaces productos específicos. Es importante la correcta prescripción por parte de la profesional de la estética. En casos graves se debe acudir al dermatólogo (el médico especialista en el tratamiento del acné) que individualizará el tratamiento, seleccionando unas cremas o pastillas según el sexo, la edad o el tipo de cada paciente. El tratamiento requiere constancia y persistencia, ya que puede mantenerse vivo meses o años y es importante mantener unos cuidados generales.

No se deben manipular las lesiones de acné sin un profesional cualificado que pueda diferenciar los grados del mismo para conseguir un tratamiento correcto. Las marcas en forma de cicatrices o zonas rojas van a mejorar de forma notable con el paso del tiempo tratándolas con cremas específicas. En los casos más graves, existen tratamientos eficaces de luz y láser.

Cómo tratarlo
Los tratamientos del acné incluyen el equilibro de los andrógenos, la disminución de la inflamación y de la producción de sebo evitando el taponamiento folicular, y la reducción de la proliferación de “propionibacterium acné”. El tratamiento del acné en el centro de belleza y de la mano de la profesional de la estética debe estar basado en un correcto diagnóstico personal y exhaustivo de cada cliente, teniendo en cuenta el sexo, la edad, el estado de la piel y la gravedad de la lesión, con un adecuado tratamiento en cabina y un excepcional asesoramiento de nuestro cliente para su mantenimiento en casa con productos específicos.

Actualmente los expertos en dermatología estudian nuevas formas de medir la gravedad del acné. La EGAE (Escala de Gravedad del Acné Española) es una nueva medición sencilla que consta de una escala facial, que posee cuatro fotografías ordenadas según la gravedad del acné y que se puntúan del grado 1 al grado 4, y una escala para tronco (espalda y pecho), con tres fotografías para cada región en las que el grado 1 es el menos grave y el grado 3 el más grave. La aplicación es sencilla, simplemente se compara la mejilla del paciente con las imágenes de la escala facial. Una escala sensible a los cambios clínicos que experimentan los clientes.

Ana Exposito

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